Lo que antes era una placa deportiva deteriorada hoy es uno de los espacios más llamativos de Rionegro. La transformación de La Inmaculada integró recuperación de infraestructura, arte de gran formato y participación de los habitantes del sector, en una apuesta que cambió no solo la apariencia del lugar, sino también la manera de vivirlo.

El elemento que más sorprende es la obra que ahora cubre la cancha. Un ave fénix, símbolo de renacimiento y transformación, ocupa el escenario deportivo y representa la historia de La Inmaculada y la capacidad de su comunidad para volver a levantarse.

La obra fue realizada por los artistas José López Rincón, “Joselo”, y Danilo Marín, quienes trabajaron junto con habitantes del sector en la construcción del concepto y el diseño. El resultado adquiere una dimensión especial cuando se observa desde el aire, pero está pensado para ser vivido todos los días por quienes utilizan la cancha.

 

Antes de convertirse en una obra de arte, la placa necesitó una intervención técnica. Se corrigieron desniveles, se repararon sectores deteriorados, se sellaron juntas y se recuperó la superficie para garantizar mejores condiciones para la práctica deportiva.

La renovación también alcanzó el resto del escenario. El parque infantil y el gimnasio al aire libre fueron intervenidos, al igual que cerramientos, porterías, aros, tableros y unidades sanitarias.

Y hubo otro componente que terminó siendo clave: la comunidad.

Habitantes de La Inmaculada participaron en jornadas de ornato y aseo, talleres de liderazgo, procesos de formación en acabados arquitectónicos y pintura, y en el ejercicio de co-creación que permitió definir la propuesta artística.

Por eso, el resultado no llegó simplemente terminado al barrio. Parte de la transformación fue construida por quienes ahora serán los encargados de darle vida al espacio.

Una transformación que hace parte de una apuesta mayor

La intervención de La Inmaculada hace parte del proyecto En la Juega por el Bienestar, liderado por la Alcaldía de Rionegro a través del IMER, en articulación con Fundación Pintuco.

 

La iniciativa contempla la recuperación integral de 14 placas polideportivas priorizadas en Rionegro, combinando obras de infraestructura con procesos artísticos y participación comunitaria.

La reapertura de La Inmaculada se vivió además con deporte y recreación. La jornada incluyó un torneo de baloncesto 3×3, una multiclase de actividad física, actividades para niños y jóvenes y espacios de integración para los habitantes del sector.

El escenario también recibió un kit deportivo para la comunidad y se reconoció a quienes participaron en los procesos de formación que acompañaron la transformación.

Así, La Inmaculada estrena mucho más que una cancha renovada. Estrena una identidad que quedó plasmada sobre el piso y que ahora hará parte del paisaje cotidiano del barrio.

Un ave fénix quedó en el centro de la escena. Y detrás de ella, una comunidad que participó en la transformación de un espacio que hoy vuelve a abrirse al deporte, al encuentro y a nuevas historias.